Víctor “N”, señalado como el asesino del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, nació en 2008 y creció en una familia humilde de Paracho. Su padre se dedicaba a la elaboración de guitarras. También formó parte del Consejo Supremo Indígena de Michoacán hasta 2022, cuando fue expulsado por conducta agresiva. Personas cercanas lo describen como un hombre violento. Ese entorno marcó al joven, quien cayó en el consumo de anfetaminas y marihuana. La necropsia así lo confirmó. El menor tenía diez tatuajes, entre ellos uno con el número 701, vinculado a figuras de la narcocultura. Su historia personal refleja un contexto violento que influyó en su camino.

Una semana antes del asesinato, Víctor “N” dejó su hogar en Paracho. Llegó a Uruapan y se hospedó en un hotel del centro. El primero de noviembre salió cerca de las ocho de la noche y minutos después disparó contra el alcalde Carlos Manzo en la Plaza de los Mártires. El edil murió en un hospital privado. Él, por su parte, quedó tendido en el lugar tras recibir un impacto. Su cuerpo fue reclamado cuatro días después. La tardanza reflejó también el rechazo social en su comunidad. Vecinos incluso pidieron a la familia no sepultarlo en el panteón municipal.
Víctor “N” era originario de Nurio, una localidad bajo disputa entre grupos criminales. Durante años, Los Caballeros Templarios operaron en la zona con tala clandestina. En meses recientes, el Cártel Jalisco Nueva Generación buscó el control. Autoridades consideran que este conflicto pudo influir en el homicidio de Manzo. La viuda del alcalde, Grecia Quiroz, señaló que el joven también fue víctima de su propia realidad. Llamó a los padres a corregir y acompañar a sus hijos antes de que sea tarde. Señaló que la prevención familiar puede evitar tragedias similares. El caso revela un contexto violento que afecta comunidades y jóvenes sin oportunidades.

