El reciente viaje de Meghan Markle y Prince Harry a Jordania generó expectativa internacional. La pareja participó en actividades humanitarias centradas en salud pública y apoyo a refugiados. Sin embargo, no concretó una audiencia con Abdalá II ni con Rania de Jordania. La ausencia de encuentro oficial despertó preguntas en círculos diplomáticos. Además, el contexto británico añadió presión mediática. Analistas consideran que Harry y Meghan en Jordania priorizaron causas sociales sobre compromisos protocolares.
Durante su estancia en Amán, los duques sostuvieron reuniones con líderes internacionales y organismos multilaterales. Destacó su encuentro con Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud. También visitaron el Hospital de Especialidades para convivir con niños evacuados de Gaza y Siria. Asimismo, recorrieron el campo de refugiados de Za’atari y colaboraron con World Central Kitchen. No obstante, la agenda dejó un vacío evidente: no apareció una cita oficial con el rey ni con la reina, pese a que ambos se encontraban en el país.
El contraste aumentó cuando el monarca jordano recibió a otros líderes, entre ellos Prabowo Subianto. Además, Abdalá II sostuvo una reunión independiente con Tedros Adhanom. Ese gesto marcó distancia institucional. En cambio, los duques solo se reunieron con Basma bint Talal, tía del rey, dentro de una iniciativa del Fondo Hachemita Jordano para el Desarrollo Humano. Por ello, especialistas interpretan que Harry y Meghan en Jordania mantuvieron un perfil centrado en cooperación social, sin buscar respaldo político o simbólico de la corona hachemita.
Cabe recordar que la realeza británica y la jordana sostienen lazos históricos desde los tiempos de Isabel II y Huséin I de Jordania. Esa relación continuó con Carlos III y Abdalá II. Sin embargo, desde su salida oficial de la monarquía en 2020, Harry y Meghan redefinieron su rol público. Ahora enfocan sus viajes en causas humanitarias y alianzas multilaterales. Así, su paso por Jordania refuerza esa línea estratégica y evita lecturas políticas en medio de tensiones dentro de la familia Windsor.

