Entrevista por Fátima Lozano
En esta entrevista, nos acompañan Germán Montoya, Sofía González y Cielo Sánchez, activistas comprometidos con la preservación ambiental y la defensa de los derechos humanos en Aguascalientes. A través de sus experiencias personales, relatan cómo el contacto con la naturaleza, la observación de la urbanización desmedida y la pérdida de espacios verdes despertó en ellos la necesidad de actuar. Desde proyectos comunitarios hasta la creación de la colectividad “Salvemos La Pona”, han buscado proteger áreas clave para la biodiversidad y la vida comunitaria. La entrevista ofrece una mirada cercana al trabajo colectivo, las dificultades enfrentadas frente a intereses inmobiliarios y gubernamentales, y cómo la pasión por la conservación se traduce en acción concreta, solidaridad y resistencia ciudadana.

Fátima:
Hola, amigos. Sean ustedes bienvenidos a este podcast de su preferencia. Yo soy Fátima Lozano y el día de hoy nos acompañan tres personitas. Díganos sus nombres, por favor
Invitados:
– Germán Montoya
– Sofía González
– Cielo Sánchez
Fátima:
¿Qué son activistas ambientalistas? ¿Se podría considerar?
Invitados:
Bueno, los medios lo usan a veces como algo medio despectivo. A nosotros nos gusta más vernos como ciudadanos preocupados o interesados en la ciudad, pero cualquiera es correcto.
Fátima:
Ok, perfecto. Cuénteme, me gustaría primero empezar con un poquito de ustedes. ¿A qué se dedican?
Germán Montoya:
Yo tengo muchos trabajos. Soy independiente, no trabajo en una empresa fija. Tenemos una cafetería colectiva en un mercado municipal, ahí estoy por las mañanas. En las tardes, en un restaurante en el centro, de mariscos y aguachiles. También me dedico a creación de páginas web, branding, presencia digital. Y en los tiempos libres —aunque no haya tanto— me dedico a Salvemos La Pona.
Sofía González:
Yo me he dedicado a la defensa y promoción de los derechos humanos. En su momento fundé Conversas Suburas, y desde 2016, Salvemos La Pona, que apenas en 2024 pudimos constituir legalmente. Profesionalmente, mi labor se ha centrado en los derechos humanos y particularmente en el derecho humano a un medio ambiente sano.
Cielo Sánchez:
Yo trabajo en el área administrativa de una clínica y también soy parte de la cafetería colectiva con Germán y otros compañeros. Además, me interesa mucho la política y los temas sociales, con perspectiva de defensa de la diversidad y también desde un enfoque descolonial.
Fátima:
Es interesante cómo cada uno se dedica a cosas distintas, pero comparten un mismo gusto que los une. ¿Cómo inició su interés por el cuidado de la naturaleza?
Sofía:
Cuando vi que un espacio tan lleno de vida y significado, como La Pona, estaba en riesgo de desaparecer, me conmovió mucho. Nadie lo iba a defender si no lo hacíamos nosotros. Es como un niño: no puede hablar por sí mismo, aunque los árboles nos hablan en un idioma que no entendemos. Eso me llevó a involucrarme.
Cielo:
Yo crecí en espacios abiertos, con poco ruido y sin estrés. Mi abuelo vive en Ojo Caliente, y desde niña iba a esos lugares. Cuando conocí la comunidad de La Pona, me di cuenta de la importancia de esos espacios. Empecé a investigar y me frustraba ver cómo se iban perdiendo. Pero también encontré personas con los mismos dolores y esperanzas. Eso me dio fuerza para luchar colectivamente.
Germán:
Mi familia materna es de una comunidad fuera de la ciudad, donde crecí rodeado de monte y “mezquiteras”. Vi cómo la ciudad se iba acercando con promesas falsas de progreso, que en realidad precarizan a las familias. Ejemplo: en el Malacate, un río que daba agua limpia se contaminó con la urbanización. En la prepa, vi cómo querían destruir parte de las colinas del río y cómo arrestaron a vecinos que se opusieron. Ahora, ya adulto, siento la responsabilidad de actuar, de poner el cuerpo si es necesario.
Fátima:
Lo que cuentan muestra cómo, al crecer, uno va viendo los cambios y luego toma la decisión de luchar. Probablemente muchos no estén de acuerdo, pero ustedes han decidido defender lo que creen. Ahora bien, ¿cómo se llama el movimiento en el que están ahorita?
Sofía:
Surgió como la colectiva Salvemos La Pona. El año pasado, el 25 de abril, quisieron perpetrar un ecocidio ahí. Desde entonces, la colectividad creció y se convirtió en un movimiento. Instalamos un campamento de dos semanas y recibimos apoyo enorme de la ciudadanía. La gente nos llevó comida, agua, apoyo cultural y artístico. Fue un momento muy simbólico: meter el cuerpo para detener la maquinaria.Nosotros no estamos peleados con el progreso o la urbanización, sino con que se haga a costa de los derechos de quienes históricamente han habitado esos espacios. La Pona brinda servicios ambientales vitales: sin ella la ciudad ya estaría hundida y sin agua. No se trata de impedir fraccionamientos, sino de cuestionar cómo se hacen las cosas y a costa de quién.
Fátima:
Para quienes no saben, ¿qué está pasando realmente en La Pona? ¿Qué quieren hacer con esa zona?
Sofía:
Desde 2018, una tercera parte de la mezquitera fue declarada área natural protegida y se entregó al municipio. Pero las otras dos partes quedaron desprotegidas y el gobierno empezó a decir que “no sirven”. Desde entonces hemos interpuesto amparos: ya van tres, con dos suspensiones definitivas que impiden cualquier intervención en La Pona. Aunque el terreno es privado, lo que peleamos no es si es público o privado, sino que no se puede destruir algo que brinda servicios ambientales indispensables. Como si compras un coche: no puedes prenderlo en medio de la plaza porque es tuyo. Los derechos ambientales y humanos van por encima de los intereses individuales. Hoy La Pona representa el último bosque urbano dentro de la ciudad, y eso le da un valor ambiental incalculable. Por eso luchamos para que no desaparezca.
Fátima Lozano:
Decías que la mezquitera ayuda a sustentar el agua, si no me equivoco. Entonces, ahí va la pregunta: ¿qué aporta realmente La Pona a Aguascalientes?
Sofía González:
De todo. Principalmente la filtración de agua al acuífero. Las raíces del mezquite son impresionantes: lo que ves arriba equivale a tres veces hacia abajo. Antes, un mezquite era indicador de agua subterránea. La Pona impide también la contaminación del río.
Cielo Sánchez:
Entrar a La Pona es como entrar a otro mundo. Solo escuchas el tren, todo lo demás se aísla. Es un espacio de desconexión total, donde la temperatura puede bajar hasta 17 grados, mientras que en la ciudad puede llegar a 40 o 50 grados por las islas de calor, provocadas por el concreto.
Germán Montoya:
Además, La Pona regula inundaciones. Estamos cerca de la Alameda, que históricamente fue zona de manantiales y ojos de agua. Si no estuviera La Pona, toda la parte hacia López Mateos se inundaría con facilidad. También alberga especies de flora y fauna nativas, adaptadas al semidesierto. No es lo mismo plantar jacarandas que tener mezquites: estas especies limpian partículas pesadas del aire, acumulan agua con mínimo gasto de energía y representan una verdadera “ingeniería natural”.
Fátima:
¿Incluso llegan aves migratorias?
Sofía:
Sí, llegan aves que se resguardan ahí. Durante el campamento de 2024, vimos incluso tortolitas y aves que usan el espacio como refugio. No es un parque urbano cualquiera, es un bosque dentro de la ciudad.
Cielo:
Es un oasis. Un lugar para desconectarte del estrés y también reconectarte contigo mismo y con lo que vivieron nuestros antepasados al estar rodeados de naturaleza.
Germán:
Además, tiene un valor histórico. Los manantiales de la zona dieron origen al nombre de Aguascalientes. Y no es solo historia: este año vimos por primera vez luciérnagas en La Pona, un indicador de ecosistema sano. Muchas veces nos dicen que “Aguascalientes no tiene bosques”, pero el semidesierto también tiene sus riquezas. El mezquite, por ejemplo, es un árbol capaz de romper roca con sus raíces. Tenemos que aprender a apreciar eso.
Fátima:
¿Cuáles creen que serían las consecuencias, al menos a corto plazo, si continúan los desarrollos inmobiliarios?
Sofía:
Ya se están viviendo. Falta de agua desde hace cuatro años, cortes selectivos: colonias periféricas sin suministro mientras en zonas ricas casi no falta. Ya hay islas de calor marcadas, sobre todo en el oriente y suroriente, donde hay más densidad de población y menos áreas verdes.
Germán:
La crisis urbana es múltiple: transporte colapsado, miles de casas abandonadas —más de 30 mil según INEGI— y aun así quieren devastar 31 hectáreas para casas de lujo que solo podrá pagar el 1% de la población, muchas veces ni siquiera de aquí. Es sacrificar la calidad de vida de toda la ciudad por intereses privados.
Cielo:
Y además la ciudad se ha vuelto hostil: calles diseñadas para autos, llenas de puentes y semáforos mal planeados. Aguascalientes es de las ciudades más caras para vivir en México y la crisis ya es presente: falta de agua, mala calidad del aire, calor extremo, movilidad colapsada. El progreso que nos venden es falso: la industria inmobiliaria y automotriz extrae recursos y nos deja precariedad. La crisis climática no está en el futuro, ya la vivimos. Basta recordar el calor insufrible del año pasado y los inviernos que prácticamente han desaparecido. El cambio climático ya es tremendo.
Fátima:
Para ir cerrando: ¿qué mensaje le darían a quienes quieren involucrarse en la defensa del medio ambiente?
Sofía:
Primero, que conozcan La Pona y los espacios verdes de su colonia. Que hablen con sus vecinos, que se organicen. Siempre hacen falta manos. Desde Salvemos La Pona podemos orientar, pero no monopolizamos la lucha. Lo importante es que cada comunidad se organice.
Germán:
No hace falta pedir permiso: cualquiera puede defender su territorio. Hay muchas colectivas: Guardianes del Mezquite, Luciérnagas de Fuego, grupos de pajareadas con niños… Todos suman. Lo más importante es la organización y la comunicación entre vecinos.
Cielo:
Hay que observar el lugar donde vivimos y darnos cuenta de que merece cuidado. La defensa del ambiente es una tarea colectiva.
Fátima:
Me encantó este capítulo porque me ayudaron a comprender mejor la situación y a generar conciencia. Les agradezco muchísimo por acompañarnos y compartirnos esta experiencia. Y también gracias a quienes nos ven y nos escuchan. Tristemente llegamos al final de este episodio, pero sigan pendientes de más capítulos.
Invitados:
Gracias por la invitación.
Fátima:
Gracias a ustedes.
La conversación revela la fuerza del compromiso individual convertido en acción colectiva. Germán, Sofía y Cielo muestran que la defensa del medio ambiente no es solo un acto de preservación de la naturaleza, sino también de justicia social y derechos humanos. Su experiencia en La Pona evidencia cómo la organización comunitaria puede enfrentar intereses poderosos, movilizar a la ciudadanía y generar un impacto tangible en la protección de los ecosistemas urbanos. A través de su relato, queda claro que la pasión, la solidaridad y la constancia son esenciales para mantener espacios verdes, proteger especies y garantizar un entorno saludable para las generaciones futuras. La entrevista concluye destacando que cada acción, por pequeña que parezca, contribuye al fortalecimiento de una conciencia ambiental activa y responsable en la sociedad.
Léelo en nuestra revista en la edición de octubre:https://socialite-mexicaine.com/3d-flip-book/alexis-omman-una-figura-de-inspiracion/

