La administración del presidente Donald Trump ha dado señales claras de un cambio en su estrategia respecto al conflicto en Ucrania. Keith Kellogg, enviado especial del gobierno estadounidense para asuntos relacionados con la guerra, declaró en una entrevista televisada que Ucrania podría utilizar armas de largo alcance proporcionadas por Estados Unidos para atacar territorio ruso, una medida que marcaría una nueva etapa en el enfrentamiento.

Durante su aparición en Fox News, Kellogg fue cuestionado sobre si Trump había autorizado ofensivas ucranianas más allá de sus fronteras. Su respuesta fue contundente: “Leyendo lo que ha dicho el presidente, el vicepresidente Vance y el secretario de Estado Rubio, la respuesta es sí. Utilicen la capacidad de atacar en profundidad. No existen los santuarios”.
Este mensaje llega poco después de que Rusia fuera acusada de violar el espacio aéreo de varios países europeos mediante aviones de combate y drones, lo que ha intensificado la tensión internacional. En paralelo, el vicepresidente JD Vance afirmó que el gobierno estadounidense también está evaluando la venta de misiles Tomahawk de largo alcance a naciones europeas con el posible objetivo de que estos armamentos terminen en manos ucranianas. Según Vance, la decisión final la tomará Trump “en función del mejor interés de Estados Unidos”.
La reacción del Kremlin no se hizo esperar. El portavoz presidencial, Dimitri Peskov, desestimó las declaraciones estadounidenses y aseguró que ninguna arma, ni siquiera los misiles Tomahawk, cambiaría el curso del conflicto. “No existe una panacea capaz de alterar la situación en el frente para el régimen de Kiev. No hay arma mágica”, declaró durante una conferencia de prensa.
Este giro en la política exterior de Trump representa una ruptura con su postura anterior. En febrero, el mandatario había puesto en duda la capacidad de Ucrania para resistir a Rusia, asegurando que Zelensky “no tenía las cartas” para ganar la guerra. Sin embargo, tras una reciente reunión con el líder ucraniano, Trump expresó públicamente que Ucrania, con el respaldo de la Unión Europea, estaba en condiciones de recuperar “todo su territorio original”, incluida la península de Crimea, anexada por Rusia en 2014, y las regiones ocupadas desde la invasión a gran escala en 2022.
Mientras tanto, Moscú insiste en continuar con su ofensiva militar, a pesar de los cuestionamientos a su economía y al desgaste prolongado del conflicto. Trump, por su parte, ha calificado recientemente a Rusia como un “tigre de papel” con una economía frágil, afirmación que también fue ignorada por el Kremlin.
Con estas nuevas declaraciones, Washington da señales de estar dispuesto a escalar su implicación indirecta en el conflicto, en un momento en que Europa también redefine su postura frente a una guerra que, tras más de tres años, no muestra signos de resolverse en el corto plazo.

