En Bogotá, los emprendedores Carlos Martínez y Jaime Fernández encontraron en la fibra de cáñamo una alternativa textil capaz de unir diseño, sostenibilidad y postura social. A través de su marca Cannabis Natural Fashion, han desarrollado una propuesta que trasciende la moda convencional y se convierte en una declaración ambiental y política. La moda sostenible con fibra de cáñamo es hoy el eje de su identidad creativa.
La historia del proyecto se remonta a la crisis económica colombiana de los años noventa, cuando, siendo estudiantes, comenzaron a fabricar camisetas para costear sus estudios. En medio de un contexto marcado por la violencia y el narcotráfico —bajo la sombra de figuras como Pablo Escobar—, decidieron emprender desde el popular sector de San Victorino. Con el paso de los años, esa iniciativa local evolucionó hasta llegar a escenarios internacionales como la New York Fashion Week, donde presentaron colecciones elaboradas con cáñamo.
El proceso, reconocen, no fue sencillo. La fibra de cáñamo implica retos técnicos, desde su tratamiento hasta su adaptación a distintos cortes y acabados. Sin embargo, destacan sus ventajas ambientales: requiere menos agua que el algodón, no necesita pesticidas ni fungicidas y posee una alta capacidad de absorción de dióxido de carbono, contribuyendo a la reducción de la huella ambiental. La moda sostenible con fibra de cáñamo no solo responde a una tendencia global, sino a una convicción ética de la marca.
Además del impacto ecológico, la propuesta incorpora una visión inclusiva. Sus diseños apuestan por la androginia y la eliminación de etiquetas de género, mezclando alta costura, comodidad y rebeldía en prendas pensadas para cualquier persona. La sostenibilidad también se refleja en su modelo social: en alianza con 21 Gramos, brindan oportunidades laborales a personas en proceso de rehabilitación, inmigrantes y jóvenes en situación de vulnerabilidad.
Para sus fundadores, vestir no es solo una decisión estética, sino un acto consciente. Desde Bogotá hacia el mundo, su apuesta demuestra que la industria puede transformarse cuando el diseño se conecta con el territorio, la responsabilidad ambiental y la dignidad humana.

