Durante la gestión de la ex ministra Norma Lucía Piña Hernández, el Consejo de la Judicatura Federal acumuló casi 10 mil denuncias contra servidores públicos. Solo el 4 por ciento de los casos terminó en sanciones, una cifra que revela la magnitud de la impunidad dentro del sistema judicial. Este panorama impulsó la creación del Tribunal de Disciplina Judicial, pieza clave de la reciente Reforma Judicial.

En 2023, el CJF registró más de cinco mil acusaciones por corrupción, acoso, nepotismo y abuso de poder. De ellas, apenas un pequeño grupo resultó procedente. Las sanciones incluyeron amonestaciones, suspensiones, destituciones e inhabilitaciones. Sin embargo, la mayoría de las quejas no avanzó, lo que generó desconfianza en la ciudadanía y en los propios trabajadores del Poder Judicial.
El año siguiente la situación fue similar. El organismo recibió más de cuatro mil denuncias y solo una fracción derivó en castigos. La baja efectividad del sistema disciplinario hizo evidente la necesidad de un mecanismo independiente y más severo. Por ello, como parte de la Reforma Judicial, se instaló el Tribunal de Disciplina Judicial, encargado de procesar y sancionar a quienes incumplan la ley.
El magistrado Rufino H. León Tovar, presidente del nuevo tribunal, afirmó que la comisión actuará con transparencia, justicia y apego a la ley. Sostuvo que cada proceso respetará los derechos de las partes, pero que no habrá espacio para la impunidad. Aseguró que la misión del Tribunal de Disciplina Judicial es erradicar la corrupción y recuperar la confianza ciudadana en el Poder Judicial.
Con la creación de este órgano, el país da un paso hacia una justicia más firme y confiable. Su reto será demostrar que la disciplina y la legalidad pueden coexistir con el respeto a los derechos humanos, garantizando que nadie esté por encima de la ley.

