Después de años de incertidumbre y de su infame película El Ascenso de Skywalker, el regreso de Star Wars al cine finalmente llegó con The Mandalorian and Grogu, una película que prometía devolverle fuerza a la franquicia tras el desgaste que dejaron las secuelas más recientes.

La cinta dirigida por Jon Favreau y Dave Filoni intenta aprovechar el enorme éxito que tuvo la serie en Disney+, apostando otra vez por Din Djarin y Grogu como los personajes capaces de rescatar el entusiasmo de los fans. Sin embargo, aunque la película resulta entretenida y visualmente atractiva, también deja una sensación extraña. Por momentos parece una verdadera aventura cinematográfica y, en otros, simplemente se siente como dos episodios largos de la serie unidos con pegamento espacial. Sí, literalmente parece que alguien dijo: “¿y si cobramos boleto por una cuarta temporada?”
UN REGRESO CON MUCHAS EXPECTATIVAS
La película marca el regreso de Star Wars a la pantalla grande siete años después de El Ascenso de Skywalker, una cinta que dejó dividido al fandom y que para muchos representó el agotamiento creativo de la saga principal. En este contexto, Lucasfilm decidió apostar por la fórmula que sí funcionó: The Mandalorian. Jon Favreau y Dave Filoni retomaron el mando creativo, apoyándose nuevamente en la relación entre Din Djarin y Grogu como el corazón emocional de la historia. Pedro Pascal vuelve a prestar su voz al protagonista, mientras que Sigourney Weaver y Jeremy Allen White se suman al elenco en papeles secundarios bastante curiosos. Incluso Martin Scorsese aparece como actor de voz. Porque claro, Star Wars ya llegó al punto donde hasta Scorsese terminó atrapado en una galaxia muy, muy lejana.
UNA PELÍCULA QUE SE SIENTE COMO SERIE
El mayor problema de The Mandalorian and Grogu no está en sus personajes ni en sus efectos visuales, sino en la estructura narrativa. La película avanza como si fueran capítulos televisivos conectados entre sí. No existe una sensación de gran evento cinematográfico ni un conflicto que realmente cambie algo importante dentro del universo de Star Wars. De hecho, los protagonistas prácticamente terminan igual que al inicio. La historia funciona, entretiene y tiene momentos emotivos, pero nunca da el salto hacia algo más grande. Esa decisión provoca que la experiencia se sienta limitada para el cine. Además, la ausencia de elementos clásicos como la tradicional apertura de Star Wars termina reforzando esa sensación de ruptura con el lenguaje visual histórico de la franquicia.

EL VERDADERO ATRACTIVO: CRIATURAS, PLANETAS Y EFECTOS PRÁCTICOS
A pesar de sus problemas narrativos, la película encuentra su mayor fortaleza en algo que Star Wars siempre supo hacer bien: criaturas extrañas, droides carismáticos y mundos visualmente llamativos. Favreau aprovecha mejor esta faceta y se aleja un poco de los planetas desérticos o boscosos que la saga ha explotado demasiadas veces. Shakari destaca como un territorio inédito, con una atmósfera inspirada en el Chicago de la época de la Prohibición. En cambio, Nal Hutta aparece como el peligroso mundo natal de los Hutt, un planeta pantanoso que recuerda inevitablemente a Dagobah, pero con una identidad más criminal y decadente. Ahí la película sí se siente viva, rara y muy Star Wars.
Cada nueva especie alienígena ayuda a recuperar esa sensación de aventura galáctica que muchas producciones recientes habían perdido. Algunas escenas de acción destacan precisamente por eso. La pelea en el coliseo y el enfrentamiento contra una criatura similar a un basilisco funcionan porque aprovechan el caos visual y el diseño creativo del universo. Además, Grogu sigue siendo el alma emocional de la película, siendo una criatura más encantadora que las que se enfrenta el protagonista en la nueva película pero que dotaba de carisma y algo distinguible dentro del universo Star Wars. La película se apoya también bastante en él, siendo la mejor parte de la película donde la protagoniza completamente solo e inclusive nos deja entrever una parte de Yoda en el. Y sí, Disney sabe perfectamente que ese pequeño ser verde imprime dinero más rápido que la República imprime créditos galácticos.

ENTRE EL CGI Y LAS MARIONETAS
Otro aspecto interesante es el uso combinado de efectos prácticos y CGI. Aunque algunos personajes digitales, especialmente ciertos Hutt, siguen viéndose extraños, casi igual a las precuelas, la película recupera elementos clásicos como marionetas y animaciones físicas que recuerdan a las producciones originales de George Lucas. Las escenas protagonizadas por Grogu y los Anzellan destacan precisamente por eso. Hay vida, textura y movimiento real. Incluso algunos droides parecen animados con técnicas cercanas al stop-motion, algo que aporta personalidad visual. Además, la banda sonora de Ludwig Göransson vuelve a ser uno de los puntos más sólidos de toda la experiencia. El compositor logra darle identidad emocional a escenas que, en términos narrativos, a veces no terminan de despegar. Básicamente, la música hace más trabajo emocional que medio guion completo.
STAR WARS SIGUE BUSCANDO SU CAMINO
La situación actual de Star Wars sigue siendo complicada. Lucasfilm encontró éxito en streaming, pero todavía parece no entender cómo trasladar ese formato al cine sin que pierda impacto. The Mandalorian and Grogu refleja perfectamente esa crisis creativa. La película no es desastrosa ni aburrida; simplemente carece de ambición cinematográfica. Funciona mejor como entretenimiento episódico que como una gran historia destinada a revitalizar la saga. Aun así, deja momentos divertidos, criaturas memorables y una relación emocional entre Grogu y Din Djarin que sigue conectando con el público. Quizá el problema no sea la película en sí, sino que Star Wars todavía no decide si quiere volver a ser cine épico o quedarse cómodamente viviendo dentro de Disney+. Y siendo honestos… tal vez George Lucas sí tenía razón en varias cosas que muchos no quisieron escuchar.

