BAHIDORÁ 2026: ACÚSTICA, RAP Y ELECTRÓNICA INVADEN LAS ESTACAS

La duodécima edición del Festival Bahidorá transformó el Parque Natural Las Estacas en un recorrido musical. Los asistentes vivieron una ruta que pasó del minimalismo acústico a la psicodelia electrónica. Cinco escenarios marcaron cada etapa, mientras el público se desplazaba de ríos a albercas, buscando sombra o concentrándose frente a los escenarios. La experiencia combinó música, arte y comunidad en un evento que destacó por la diversidad de géneros y la interacción constante entre artistas y público.

Festival Bahidorá transformó Las Estacas con acústica, fusiones, rap y electrónica en un recorrido musical diverso y memorable
FOTO: x.com

Comienzo introspectivo con sonidos acústicos

El 14 de febrero, el escenario principal Sonorama abrió con Kings of Convenience. El dúo noruego de indie folk propuso un set minimalista que invitó a la escucha cercana. Los asistentes se sentaron en el pasto, concentrados en cada nota, mientras realizaron ejercicios colectivos de respiración. Este inicio calmado preparó a la audiencia para la energía posterior. La acústica funcionó como introducción: un espacio de reflexión en medio del festival que contrastaba con la electrónica nocturna.

Fusiones, rap y participación del público

La transición hacia la tarde incluyó a Macario Martínez en La Estación. Su fusión de huapango, folk y rock llenó el espacio, con participación vocal constante de la audiencia. Más tarde, Paloma Morphy y Crudo Means Raw llevaron al público a formatos más interactivos, combinando covers y rap con banda en vivo. Los asistentes disfrutaron del ritmo, bailando y conectando generacionalmente con los artistas. En paralelo, se desplegaron instalaciones digitales y esculturas que complementaron la experiencia musical.

Noche electrónica y permanencia frente al escenario

Al caer la noche, los sets de Helena Hauff, Daphni y Four Tet transformaron el festival en una pista continua. HVOB presentó techno melódico con iluminación sincronizada, consolidando la permanencia frente a las cabinas. La lógica cambió del tránsito constante a la concentración en los actos finales. La diversidad diurna dio paso a la continuidad electrónica, cerrando el festival con un público que permaneció conectado al ritmo y a la atmósfera audiovisual de Las Estacas.

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