Entrevista por Marco González y Ana García
En la actualidad, la idea de llevar una alimentación saludable suele ir acompañada de restricciones severas y sacrificios extremos. Sin embargo, la licenciada Mariana García Hernández, nutrióloga clínica, nos ofrece una perspectiva distinta y refrescante: una alimentación sana sin restricciones. En esta entrevista, nos explica cómo es posible nutrirse adecuadamente sin renunciar al placer de comer, respetando las costumbres culturales y las necesidades individuales. A través de un enfoque personalizado, basado en educación, ciencia y conciencia, Mariana busca romper con los mitos de las dietas tradicionales y fomentar una relación más equilibrada y sostenible con la comida.

Muchas personas piensan que comer sano implica dejar de disfrutar la comida. ¿Qué significa realmente una alimentación saludable sin restricciones? ¿Cómo se diferencia de las dietas tradicionales o si es que existe una alimentación así?
Realmente sí hay una alimentación la cual puedes adaptar y personalizar a la persona sin la necesidad de darle las restricciones. Usualmente decimos, nos vamos a poner a dieta y significa que un día antes de acudir a consulta: “voy a ir a tomar, voy a ir a comer, voy a ir a hacer todo”, ¿no? Porque tenemos la idea precisamente de que nos van a restringir todo lo que por ende decimos que está bueno. Como muchos dicen, la “vitamina T”. Sin embargo, realmente es que no.
La alimentación, una dieta bien personalizada, bien planificada para cada paciente, la podemos hacer sin restricciones. Lo que yo hago, por ejemplo, en consulta es educarlos. Tradicionalmente los nutriólogos, ¿qué es lo que hacemos? Miden, pesan, hacen una pequeña historia clínica y continúan con: “Aquí está tu hojita, síguela y listo” ¿no? Después se sigue la dieta y obviamente [el paciente] va a bajar de peso porque hace una restricción calórica. Por ende va a tener resultados.

Y bueno, digamos que tampoco es arte de magia: “Ay, sí voy a comer lo que yo quiera y no hay problema”. Pero a lo que quisiéramos llegar es precisamente a ese punto de no tener qué sacrificar tanto la cantidad o cosas así. Se trata de ir cambiando, es sustituir, ¿no?
Sí, aunque a veces no es necesario reemplazarlo. Hay cosas muy básicas como decir: “Cambio de la coca normal a coca light”, ahí, esas pequeñas calorías pueden ayudar a que tu régimen sea un poquito más tranquilo, hablando hasta psicológicamente. Porque, por ejemplo, un paciente que esté muy acostumbrado a consumir coca, tortillas, pan y de todo, y de repente se lo quitan de golpe, hasta psicológicamente es fuerte para la persona. Lo que yo hago es: “bueno, si a lo mejor te tomas dos cocas diarias, vamos a reducirlo a una, ¿no? Ok, ya redujimos a una, ahora vamos a tres a la semana. Ya cambiamos a tres, ahora vamos a cambiar de coca normal a coca light”. Se trata de hacerlo poco a poco para que no se sienta tan de golpe. O hay gente que toma mucho alcohol también ¿por qué? Pues porque ya es un hábito, al final del día es un hábito, malo o bueno, pero es un hábito. Entonces irlo cambiando progresivamente también nos hace hacer la dieta un poquito más amena. Y no siempre será al 100%, pero simplemente es un proceso más, la cual tiene que llevar su constancia y su dedicación.
¿Por qué es problemático etiquetar los alimentos como buenos o malos? ¿Qué efectos puede tener esto en nuestra relación con la comida?
Pues bueno, alimentos buenos o malos hay un sinfín. Siempre nos han dicho que la coca es lo peor de lo peor de lo peor. Y también nos han dicho que la lechuga pues es lo mejor. Ahí hay dos vertientes, la primera es que todo en exceso hace daño, sea lechuga o sea coca, todo en exceso siempre va a hacer daño. Y la otra parte que yo estoy un poquito ahí en conflicto es con la mercadotecnia, digo, tiene mucha ciencia, pero también nosotros como a veces profesionales de la salud decimos: “pues váyase por el yogurt light, o váyase por el chocolate sin azúcar, o váyase por esta opción”. Y etiquetamos o redes sociales es como tal marca con esto que es bajo en azúcar o todo eso, y cuando realmente te sientas a ver la tabla nutrimental ves que no hay ninguna diferencia.
Hace poquito, de hecho me tocó con un aceite, uno estaba en 50 pesos el litro y el otro estaba en 70. El cambio es que uno decía que era para personas con problemas de corazón. Volteo la etiqueta y es exactamente lo mismo. Misma cantidad, mismas calorías, o sea no tenía ningún aditamento. Pasa mucho también con el pan, es lo mismo que si compras el más barato o el que ni siquiera tiene marca. Entonces esos cambios pueden llevarlos a una idea falsa de que es un alimento más sano. Pero la mayoría de las ocasiones no lo es.
El punto es informarse un poquito acerca de lo que estás haciendo. No puedes ir a ciegas en todos sentidos. Vas al médico y a ciegas le dices que sí al tratamiento que te dio. Vas a un nutriólogo y le dices que sí a ciegas. Vas al psicólogo y sí a ciegas. No, realmente uno también como paciente es importante: “Enséñeme su cédula, ¿en dónde estudió? ¿qué vertientes está haciendo?”. Es importante investigar por nuestra cuenta, también.
De ahí viene mi nombre de nutrición: “Conciencia” es por dos cuestiones: una es porque todo lo que vemos aquí es basado en ciencia, o sea, con ciencia, y la otra es la palabra, conciencia. Hacerte consciente de lo que estás comiendo, de lo que estás haciendo, de cómo funciona tu cuerpo.
Hace un momento mencionó al tipo de nutriólogos.
¿Podría hablar de los tipos de nutriólogos, por ejemplo. nutriólogos psicológicos, deportivos, el clínicos?
Pues va más enfocado a lo que la persona necesita. Por ejemplo, en mi caso, yo me enfoco mucho en hacerlo un poquito más global, porque también me fijo en cuestiones psicológicas. Si una persona tiene ansiedad por comer, si tiene una depresión, por ejemplo. A veces, aunque tengamos un pequeño problema de: “Me peleé con mi pareja”. Ya con eso, no hacemos dieta. Entonces, esas pequeñas cosas es algo en lo que te tienes que fijar, porque hormonalmente también cambian. Muchas veces [algunos nutriólogos] ni siquiera lo toman en cuenta. Pero, la química del cerebro cambia, la química sanguínea cambia. O sea, hay muchos cambios.
En cuestión deportiva, para cada deporte tiene que haber ciertas restricciones, cierta cantidad de macronutrientes y micronutrientes. Porque no es lo mismo lo que tiene que pesar un deportista de fútbol americano, que son enormes, a alguien que juega tenis. Aunque hablemos de cuestión profesional, todo tiene que ver con su fisionomía, con lo que necesita, con lo que está expuesto, calor, temperaturas, entrenamientos. O sea, son muchas más cantidades. En lo clínico, hay nutriólogos renales, nutriólogos para diabetes, nutriólogos en general clínico, vamos, como un médico general.
Y, bueno, esas son como las 3 más fuertes. Entonces, si cada uno, dependiendo a lo que tú tengas, si ya lo tienes diagnosticado, es mejor acercarte a alguien que esté especializado en eso.

¿Qué papel juega el placer y la cultura alimentaria en una dieta equilibrada? ¿Se puede comer pan, tortillas, postres y aún así estar saludable?
Sí, sí se puede. Realmente ahí con lo que jugamos son con las cantidades y la frecuencia. O sea, tú puedes comer, no está mal comer un pastel de chocolate si a ti te gusta. El punto es cuánto comes y con qué frecuencia lo consumes. Por ejemplo, las tortillas que es lo más básico en la comida mexicana. La verdad es que yo, en ese sentido no se las prohíbo, simplemente les hago la mención, ¿no? Un platillo tradicional mexicano, digamos unas enchiladas suizas, casi siempre nos ponen arroz y ensalada. Ahí es cuando nosotros tenemos que pensar, bueno, ¿se me antoja el arroz o se me antoja la tortilla que viene ahí? Tengo que escoger uno u otro, o poquito pero de ambos.
Y la ensalada, pues bueno, adelante, la salsita, el pollito, el quesito, bueno, eso no es ningún problema, pero sí fijarnos sobre todo en esa parte. Entonces, culturalmente, por lo menos, ya no te privas de comer todo. Sí, al final sí vas haciendo como ciertos sacrificios de decir, bueno, si voy a comer arroz o me espero al pastel.
Lo que pasa mucho es decirles, bueno, tú vas a ir aprendiendo cuando sí. Ya cuando están la recta final empezamos a jugar. Yo les digo que aquí nutrición es como jugar, no lo tenemos que ver como algo tan fuerte, sino que puedes empezar a jugar: “No desayuné completo, puedo jalar de las porciones que tenía en la mañana a la noche” Es con constancia, con educación sobre todo.
Hay veces en las que como nutriólogos es muy fácil decir, aquí está tu dieta y te veo dentro de 15 días o una semana y te la voy cambiando. Eso que también hace que la persona se vaya, no cambia o no hace conciencia.
¿Cuál sería el impacto emocional de las dietas restrictivas a largo plazo? ¿Has visto casos en consulta donde esto haya causado ansiedad o culpa al comer?
Sí. Realmente al tener una dieta tan restrictiva podemos empezar a tener ciertos trastornos alimenticios. Porque puede llegarse a una persona a mediana edad donde a lo mejor sí quiere estar físicamente bien, pero no llega a esta meta por estas técnicas. Por ejemplo, tengo pacientes de corta edad, hablando 13, 14 años, que ya me llegan con una bulimia, con una anorexia muy marcada, yo las mido, yo las peso y les digo: “estás en tu peso”. Suele suceder que en la adolescencia es cuando pasa algo. Ahorita vino un auge muy fuerte de: “no compres esto y lo otro”. psicológicamente dañan, hay gente muy vulnerable a eso. Por eso tenemos que quitarlo. Por ejemplo, se comen una papa, y la persona siente que ya subió 5 kilos y no va a poder bajarlos, y no es así.
Llegan con pacientes muy pequeñas que quieren bajar y les empiezo a explicar: mira, si yo te bajo de peso ahora, vas a tener problemas hormonales, vas a tener problemas de esto, no te vas a concentrar, va a pasar esto, va a pasar…” entonces les empiezas, ahora sí que a ayudar. Vamos a ver de qué forma vas a alimentarte correctamente, sin la necesidad de tener esa fijación de estar muy esbelta para que te acepten.
¿Qué estrategias recomiendas para quienes quieren mejorar su alimentación, pero han tenido malas experiencias con dietas frígidas?
Ah, híjole ese es un poquito complicado, yo sugeriría sobre todo el hecho de acercarte con personas adecuadas y leer mucho. Leer información realmente basada científicamente, porque si yo meto en Google y pongo “dietas para bajar de peso” me van a salir 20 mil. Lo correcto sería buscar en ciertas páginas avaladas. Infórmate bien y acércate a lo que realmente necesitas.
¿Qué consejo podría dar, para quienes no somos nutriólogos, para reconocer dietas falsas? Tal vez de un nutriólogo que resulte ser estafador
Es muy sencillo, si tú vas y ya tienen una dieta, desde ahí puedes decir: “muchas gracias”, porque tienen los bonches de dietas impresas. Ya hasta las tienen en orden, ni siquiera las personalizan, o sea, desde que no te personalizan la dieta, desde ahí puedes salir corriendo.
¿Usted personaliza las dietas desde la primera consulta?
Sí, desde la primera consulta. De hecho, las primeras consultas mías tienen una duración de una hora, entonces imagínate, es mucha la información que empiezo a recabar: si ya hicieron dieta, si no les funcionó, si les funcionó, qué les gusta, qué no les gusta, qué horarios tienen de comer… porque eso también hay que personalizarlo. Es una mentira total esa de: “tienes que comer 5 veces al día”. Es muy tedioso para muchos. Por ejemplo, en mi caso, yo trabajo casi todo el día, todos los tuppers de aquí para allá, imposible. Entonces, entre los horarios, gustos, permanencia, psicología, a veces hasta la forma de nuestro día a día: Oye, ¿sabes qué? Yo trabajo en obra. O ¿sabes qué? Yo soy arquitecto, o soy administrador, entonces casi no me muevo”. Hasta en qué trabaja la persona se debe personalizar la dieta. Y es que sí, se trata de hacer una personalización para cada quien. Al ser más personalizado, es más preciso y es más fácil que la gente siga.

¿Qué recomendaría a quienes consultan a un nutriólogo o profesional de la salud?
La recomendación es que si van a cualquier médico o profesional de salud, pregunten. No tengan pena de preguntar. Y entre más exacto y con palabras simples se lo explique la persona, muchísimo mejor. Porque luego te dan con puro tecnicismo y terminas hasta peor de como empezaste. Entonces sí, entre más digerible sea la información para la persona, mucho mejor.
Entonces ¿sí influyen factores como el ejercicio o lo emocional en el peso?
Claro, sí. Por ejemplo, el ejercicio tiene mucho que ver, lo emocional también. O sea, cómo estés emocionalmente puede hacerte subir o bajar de peso por eso, por la cantidad de cortisol que produces. Si tienes una emoción muy fuerte, si tienes mucho estrés, si la persona está muy triste, bajan sus niveles de oxitocina y todo eso… entonces hay cambios en el cuerpo. Siempre.
¿Crees que la sociedad o el sistema donde vivimos, de manera persuasiva, tiene algo que ver con la información que recibimos de los alimentos en nuestro entorno? Es decir, que haya intereses políticos, económicos, de mercado, industrias farmacéuticas, hospitales incluso. Concretamente que el sistema nos controle para consumir lo que convenga bajo sus intereses, como una teoría por ahí, conspirativa.
Fíjate que de forma muy personal, realmente es que sí, sí llevamos ciertas tendencias por lo mismo, si te fijas hay culturas en donde tener panza es lo más atractivo a la sociedad, entonces buscan ciertos alimentos, si tú les llevas algo para bajar, te van a decir: “no, ¿para qué?, yo no lo ocupo”. Acá tenemos un entorno donde estar delgado es algo bueno, estético, favorable, un ideal, entonces sí, bueno, es lo mismo, hay marcas que se aprovechan de esto, de la persona que tiene muchos vellitos y entonces le metes el láser, de la persona que a lo mejor tiene un poquito de estrías y entonces le metes terapias, de la persona que tiene la llantita y entonces le vendes el polvito mágico para que baje de peso, de la persona que está un poquito más llenita y le das medicamento. Hay medicamentos prohibidos, porque sí bajan de peso pero les altera todo lo demás. Entonces sí lleva cierta cuestión económica, política y social el hecho de que te vendan ese tipo de productos para llegar a un ideal social, que por ende pues va a lo económico.
¿Qué dietas se podrían llevar a cabo con lo mencionado anteriormente?
Ok, pues tal cual una dieta, podríamos decir que no hay, dieta, la palabra dieta viene de los hábitos que tienes, sean malos o sean buenos, esa es tu dieta, realmente la palabra correcta sería un régimen alimenticio. Pues el balanceado, donde puedas comer carbohidratos, grasas, proteínas, o sea, puedas comer de todo en las porciones que te corresponden para el objetivo que buscas, entonces tal cual un nombre, un nombre pues sería ese.
¿Cuáles serían los síntomas que adelantan que sí necesitamos ir con una nutrióloga o nutriólogo? Por ejemplo, cansarnos o que no nos concentremos, ¿que podría ser un tipo de señal?
Son cansancio, dolores de cabeza muy frecuentes, problemas para, por ejemplo, hasta para masticar, para digerir, la colitis, la gastritis muy constante, diarrea, estreñimiento. Realmente todo lo que es el aparato digestivo, a veces con cambiar ciertas cosas, o la combinación de alimentos, pueden eliminar una gastritis mañanera. De hecho, una persona con insomnio se puede tratar con la pura dieta, así, sin suplementación, sin nada, simplemente con la pura dieta. Concretamente ciertas enfermedades, pues pueden haber miles, pero en una generalidad, pues todo lo que es el problema digestivo.
La entrevista con García Hernández deja claro que una alimentación saludable no debe basarse en prohibiciones, sino en educación, equilibrio y personalización. Etiquetar alimentos como “buenos” o “malos” puede ser perjudicial y generar trastornos emocionales y alimentarios. En lugar de imponer reglas rígidas, es más efectivo enseñar a escuchar al cuerpo, reconocer necesidades reales y tomar decisiones informadas. Comer con conciencia y placer, sin caer en excesos ni obsesiones, es posible y necesario. Con el acompañamiento adecuado, cualquiera puede construir hábitos sostenibles que promuevan salud física, mental y emocional, sin dejar de disfrutar lo que le gusta.
Puedes encontrar a la Lic. Mariana García, nutrióloga clínica, en Álvaro Obregón 452 en Aguascalientes, Ags

