La Guelaguetza es una de las expresiones culturales más representativas de México y América Latina. Celebrada anualmente en Oaxaca, esta festividad congrega a representantes de las ocho regiones del estado, quienes comparten danzas, música, vestimenta, gastronomía y saberes comunitarios. En un mundo marcado por la homogeneización cultural, la Guelaguetza se presenta como un acto de resistencia simbólica y revitalización de identidades locales. Su vigencia se explica tanto por su capacidad de adaptación como por los procesos de reapropiación comunitaria e institucionalización cultural que la han convertido en un referente del patrimonio inmaterial mexicano.

Origen y transformación histórica
El término “Guelaguetza”, de origen zapoteco, significa “ofrenda”, “intercambio” o “acción de dar y recibir”. Este concepto refleja los valores de reciprocidad y ayuda mutua que estructuran la vida comunitaria de los pueblos originarios. La festividad tiene raíces en rituales agrícolas prehispánicos dedicados a la diosa del maíz, Centéotl. Con el tiempo la Guelaguetza fue transformándose en una celebración mestiza, especialmente tras la colonización, al incorporar elementos cristianos, como la veneración a la Virgen del Carmen.
En 1932, con motivo del cuarto centenario de la fundación española de Oaxaca, se oficializó como la fiesta del “Lunes del Cerro”. Desde entonces, ha sido impulsada por el gobierno estatal y las comunidades indígenas, consolidándose como un evento que articula lo ceremonial con lo festivo, lo local con lo institucional y lo tradicional con lo moderno.
Significado cultural y comunitario
Más que un espectáculo folklórico, se trata de un espacio de encuentro intercomunitario donde se reafirman identidades, historias y visiones del mundo. A través de danzas, trajes tradicionales, música, lenguas originarias y expresiones rituales, los pueblos participantes expresan su orgullo y su continuidad cultural. Además de los Lunes del Cerro en el Auditorio Guelaguetza, la celebración incluye convites, calendas, ferias gastronómicas, muestras artesanales, actividades religiosas y encuentros académicos. Estas manifestaciones fortalecen el diálogo intercultural, promueven la pluralidad y subrayan el carácter vivo del patrimonio oaxaqueño.
Patrimonio cultural y desafíos ante la globalización
Desde su reconocimiento en 2010 como Patrimonio Cultural Inmaterial del estado de Oaxaca, ha fortalecido su papel como emblema identitario y atractivo turístico internacional. No obstante, este posicionamiento ha generado tensiones, particularmente entre comunidades indígenas que critican la comercialización excesiva, la pérdida de significados originales y la desigual distribución de beneficios económicos. A pesar de ello, la Guelaguetza ha servido como plataforma para visibilizar luchas históricas, como la defensa de territorios, lenguas y sistemas normativos comunitarios. En este marco, la edición 2025 se propone consolidar un modelo de turismo cultural más justo, inclusivo y sustentable, con las comunidades como protagonistas y beneficiarias directas.
Guelaguetza 2025: Agenda oficial
En su edición número 93, la Guelaguetza reafirma su papel como motor del desarrollo social, económico y cultural de Oaxaca. Entre el 1 de julio y el 2 de agosto de 2025, se realizarán más de 150 actividades en 31 espacios públicos de la capital y municipios conurbados, que abarcan expresiones dancísticas, gastronómicas, artesanales, musicales, deportivas y académicas. El programa, presentado por el gobernador Salomón Jara Cruz y la secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez Zamora, destaca la participación de 55 delegaciones representativas de las ocho regiones del estado, incluyendo a los 16 pueblos originarios y el pueblo afromexicano. Los Lunes del Cerro, se celebrarán el 21 y 28 de julio, convirtiéndose en el eje central de la festividad.
Este año, se enfatiza una visión integral que enlaza el legado patrimonial con procesos actuales de desarrollo. Se incorporan espacios como el Parque Primavera Cho Ndobá, que será sede alterna de actividades culturales y ferias artesanales, con la participación de 125 personas artesanas. Asimismo, los convites y calendas del 17, 22 y 24 de julio refuerzan el carácter comunitario del evento y su apropiación del espacio público.
Ferias temáticas: Gastronomía, identidad y economía solidaria
Uno de los ejes destacados de esta edición es la gastronomía como expresión cultural, motor económico y forma de cohesión social. La tercera edición del Festival Gastronómico Oaxaca de Mil Sabores, del 16 al 30 de julio en la Plaza de la Danza, contará con la participación de 42 cocineras y cocineros tradicionales de todo el estado. Los asistentes podrán degustar platillos emblemáticos como mole negro, caldo de piedra, tlayudas, barbacoa, tejate y pozontle, acompañados de presentaciones artísticas y conversatorios sobre la cocina como patrimonio inmaterial.
Impacto turístico y sostenibilidad
El impacto de la Guelaguetza trasciende lo cultural, convirtiéndose en un fenómeno social de gran relevancia económica. La Secretaría de Turismo proyecta la llegada de más de 138 mil visitantes, una ocupación hotelera del 83% y una derrama económica estimada en 614 millones de pesos, beneficiando directamente a más de 181 mil personas del sector turístico y de servicios.
Frente a los retos que plantea la masificación del evento, como la accesibilidad, la sostenibilidad y la preservación del patrimonio, el gobierno estatal ha implementado una estrategia que conjuga infraestructura, promoción cultural y fortalecimiento comunitario. Se incluye el transporte gratuito mediante el sistema Binni Bus, así como expresiones culturales virtuales y descentralizadas. De acuerdo con la secretaria de Turismo estatal, Saymi Pineda Velasco, “la Guelaguetza no es solo un evento, es una expresión viva de nuestras raíces, donde los pueblos de Oaxaca se reúnen para compartir su música, su danza, su medicina tradicional y su espíritu de hermandad”. Esta visión reafirma el carácter vivo y comunitario de la festividad, que posiciona a Oaxaca como referente global de diversidad, hospitalidad y resistencia cultural.

