Durante las últimas semanas, varias escuelas y facultades de la Universidad Nacional Autónoma de México han enfrentado desalojos por amenazas de supuestas bombas. En medio de este clima de tensión, el investigador Imanol Ordorika aseguró que no es momento de pedir el regreso a “la normalidad”, sino de abrir espacios para una transformación institucional profunda. El académico considera que las comunidades universitarias viven una coyuntura que exige diálogo y cambios estructurales reales.

Ordorika rechazó el pronunciamiento firmado por más de 400 académicos de la UNAM que, el pasado jueves, exigieron retomar actividades regulares. A través de una carta pública, el investigador del Instituto de Investigaciones Económicas calificó ese llamado como una negación de los problemas que afectan a estudiantes, docentes y trabajadores. Subrayó que regresar a clases sin atender las demandas no resolverá nada y sólo invisibilizará conflictos legítimos que ya llevan meses.
El académico consideró “alarmista” afirmar que la universidad está “bajo asedio”. Dijo que quienes sostienen esa narrativa no han explicado quién o qué estaría atacando a la institución. Aseguró que usar conceptos ambiguos sólo genera miedo y confusión en las comunidades universitarias. En lugar de eso, propuso abrir un proceso amplio de reflexión y participación para lograr una transformación institucional con responsabilidad colectiva.
Ordorika también invitó a firmar una propuesta alternativa en línea. Busca reunir respaldos para impulsar una visión distinta de la universidad nacional. A diferencia del llamado a volver a la normalidad, su propuesta plantea escuchar con empatía las razones de los paros estudiantiles y docentes. Recordó que muchas de esas demandas se relacionan con la seguridad en los planteles, el reconocimiento de la voz estudiantil y la participación democrática.
En este contexto, Ordorika pidió un diálogo abierto entre alumnos, maestros y trabajadores. Planteó que la UNAM necesita espacios donde no prime la confrontación, sino el aprendizaje mutuo y el reconocimiento de las distintas formas de protesta. Según él, solo con esa actitud será posible construir una comunidad universitaria más justa, segura y participativa, en sintonía con los desafíos actuales del país y de la educación pública.

