Por: Ana Gloria García Jáuregui
La biología explica el ciclo de la vida a través de un sencillo diagrama: el ser vivo nace, crece, se reproduce y muere. A lo largo de los siglos se repitió una y otra vez en la vida de los seres humanos esa línea de vida. Y, aunque no todas las personas se han reproducido, durante mucho tiempo fue casi una regla, casi una ley. Por lo tanto, en el imaginario colectivo o en un acuerdo social, la idea de encontrar pareja se volvió una necesidad y, con el tiempo, se transformó en el camino a la felicidad. Sin embargo, ¿por qué ocurrió esto? Algunos pueden decir que tener hijos es parte de la vida, que los hijos son la felicidad y, sin ellos, no hay dicha en vivir. Por lo tanto, no encontrar a un compañero de vida se convierte en una desdicha total. Entonces, si no se encuentra pareja o no se tiene una vida sexual activa, ¿se es automáticamente infeliz?

La RAE define la infelicidad como: “Desgracia, suerte adversa. Desgracia, infortunio, desdicha, adversidad, fatalidad, malaventuranza, miseria.” Es decir, no se trata solo de estar triste, sino de una ausencia profunda de bienestar. Aunque en la actualidad se ha transformado ese pensamiento, ahora se habla sobre la felicidad nacida desde uno mismo; es decir, ya no se obtiene a través del otro. La idea propagada actualmente dice que el amor es individual, propio y único. Una persona es capaz de ser feliz por ella y para ella misma. Así, la carencia de felicidad no ocurre.
No obstante, aparece una duda interesante: si la felicidad es todo aquello que nos genera bienestar y placer, ¿la falta de una de las más conocidas expresiones del placer es sinónimo de infelicidad?
De acuerdo con varios expertos, en las relaciones de pareja la ausencia de sexo es un fenómeno que afecta directamente al ánimo y al buen humor. Según Fernando Villadangos, sexólogo y escritor, no tener sexo genera una rutina, la dejadez y el deterioro en la relación de la pareja. Pedro Rondón Navas, sexólogo, agrega que, aunque no hay consecuencias fisiológicas graves, sí aparecen efectos emocionales: insomnio, ansiedad, estrés, baja autoestima, aislamiento social, frustración, desconfianza, entre otros síntomas negativos. Si regresamos a la definición de la infelicidad, pueden relacionarse unas con otras fácilmente.
En realidad, sería simplista decir que la única causa de infelicidad es la insatisfacción sexual. Hay muchas otras: trabajos mal pagados, jornadas agotadoras, falta de tiempo libre, conflictos familiares, sueños incumplidos o metas frustradas. La felicidad, entonces, no puede definirse solo como placer físico o emocional; es un equilibrio de muchas experiencias.
Además, la felicidad no puede planearse. Imaginemos que una mujer hizo un viaje: la experiencia que tuvo fue espectacular y la recuerda como una de las más felices de su vida. Así que decide repetir el viaje. Va de nuevo al lugar, con las mismas personas, pero en esta ocasión no disfruta de igual manera. Aparentemente, no existieron fallas en el plan. ¿Por qué? Porque la felicidad no es una fórmula. Aristóteles lo dijo: “La felicidad depende de nosotros mismos.” Y, según Jeon Grondin, la felicidad es efímera, espontánea y única. No se puede repetir a voluntad. Es una casualidad afortunada de la vida.
Entonces, decir que el sexo insatisfactorio causa infelicidad es solo apreciar una parte del panorama. Según el Informe Mundial de la Felicidad 2025, basado en los datos de Gallup World Poll, analizados gracias a la escala de Centril Ladder, se ha revelado que los países donde vive gente más infeliz son Afganistán, Sierra Leona, Líbano, Malaui y Zimbabue. Todos estos lugares comparten factores similares que han socavado la felicidad: los conflictos armados, la pobreza extrema, la falta de acceso a servicios básicos y la corrupción del gobierno. Todo ello impide el acceso a derechos fundamentales y provoca una infelicidad perpetua, una ausencia del bienestar.
La infelicidad no se puede reducir a lo sexual o a lo emocional. Es algo mucho más amplio, más complejo. Es un reflejo de lo que ocurre dentro de nosotros, pero también fuera. Decir que la solución está en tener más sexo o una pareja ideal es olvidar que la felicidad es una construcción mucho más profunda.

