VIDA SOSTENIBLE: ¿REALIDAD O PRIVILEGIO?

Por Ana Gloria García Jáuregui

Es difícil entender cómo, en un mundo con tanta riqueza, aún existan personas que al año no lleguen a juntar ni medio millón de pesos, que vivan al día, mientras otras se llevan millones a sus bolsillos. Dinero sí hay, pero ¿por qué la mayoría no lo tiene? Esa desigualdad no es casualidad, es el resultado de un sistema impuesto, el capitalismo. Un sistema donde el pobre trabaja para que el rico se haga más rico, y donde la riqueza se concentra en manos de unos cuantos.

FOTO: ipsnoticias.net

Desde hace siglos, el capitalismo ha demostrado que puede generar progreso y avances tecnológicos, pero también ha profundizado la brecha entre quienes tienen y quienes no. En la Revolución Industrial, por ejemplo, los dueños de las fábricas amasaban fortunas mientras los trabajadores apenas alcanzaban a sobrevivir. Marx habló de esta lucha entre el proletariado y la burguesía, y hoy, aunque las formas han cambiado, sigue esa forma de vida. La diferencia es que ahora esa situación parece extenderse a nivel global. Un ejemplo claro está en la historia de los migrantes que cruzan países con la esperanza de llegar a Estados Unidos y tener una vida mejor. Sacrificando todo: dejan sus hogares, enfrentan peligros y trabajan duro, con la idea de ahorrar y conseguir estabilidad. Para ellos, la vida se mide en dinero, porque saben que con más dinero tendrán más oportunidades de salud, educación y tranquilidad. Pero muchas veces terminan atrapados en trabajos mal pagados, alimentando la riqueza de otros sin poder salir de la pobreza.

La vida sostenible no es solo cuidar el planeta; también es poder vivir con dignidad. Y eso implica tener acceso a servicios básicos, a vivienda segura y a una alimentación adecuada. Pero en este sistema, la sostenibilidad parece un lujo: solo quienes tienen dinero pueden elegir un consumo responsable, alimentos orgánicos, permitirse lujos o vivir en zonas seguras. Para quienes luchan por sobrevivir, la sostenibilidad no es prioridad, sino algo casi inalcanzable.

La salud y la felicidad también dependen del dinero. Quienes pueden pagar un seguro médico o una buena educación tienen más oportunidades de vivir mejor. Los demás, sufren la precariedad y la inseguridad. Esto demuestra que la sostenibilidad debe incluir justicia social y económica, porque sin igualdad no hay verdadero bienestar ni cuidado real del planeta.

Al final, la pregunta es si realmente queremos un mundo sostenible para todos o solo para unos pocos. Mientras sigamos con un sistema que privilegia el lucro y la acumulación, la vida sostenible seguirá siendo solo para quienes pueden permitírselo. Se debe cambiar la forma en que vivimos y cómo distribuimos la riqueza, para que la sostenibilidad deje de ser un privilegio y se convierta en una realidad para todos

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